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Impresiones de Pat Dower sobre el M3. Mayo de 2009, Reino Unido
Mi primer vuelo de distancia con el M3 resultó estupendo para conocer a fondo la vela, pues pasó por 3 fases bien diferentes. Cerca de la ladera del despegue y durante los primeros 20 kilómetros las térmicas estaban rotas y movidas; la parte central del vuelo tuvo lugar en térmicas moderadamente fuertes, pero mejor organizadas; el tramo final del vuelo lo hice en condiciones cada vez más flojas al velarse el cielo con una capa de estratocúmulos.
En las ascendencias rotas la vela se comportó muy bien: sólida, subiendo bien, transmitiendo mucho, pero sin hacer mucho ruido y sin plegarse. No es que fuera completamente relajado, pero ¡tampoco lo iba ninguno con los que hablé más tarde!
En la parte central del vuelo la vela me pareció fabulosa. Me dejó realmente satisfecho su agilidad. Podía centrar los núcleos de maravilla. Fui probando la técnica de tirar del freno diagonalmente por delante de mi cuerpo, lo cual frena la punta del ala más que si se tira hacia abajo del mando por fuera de las bandas. Gira y alabea más, pero aún estoy acostumbrándome a esta característica.
Cuando tuve que buscar los últimos restos de ascendencia noté que la vela tiraba de mí en dirección a ellos, y cuando hizo falta pude girar de manera realmente plana.
Es difícil llegar a conclusiones definitivas sobre el rendimiento comparativo en planeo, pues la única vez que planeé cerca de otra vela fue junto a una Trango 3. A frenos libres, la M3 iba significativamente más deprisa. Había actividad térmica, pero en un planeo de 1 minuto me pareció sacarle una clara ventaja.
Tras aterrizar, me di cuenta de que durante la segunda mitad del vuelo apenas me había preocupado de la vela, salvo para pensar en lo bien que iba.
Estoy sin duda muy impresionado y muy contento.
La próxima gran prueba será mi primera competición del año.
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